Cuando la mente huye: entender la evasión como respuesta al dolor emocional
Por: Neighbors’ Consejo |
Es normal querer evitar recordatorios como lugares, sonidos u olores asociados a un
trauma vivido, este comportamiento se conoce como evitación conductual. La persona suele
luchar internamente con pensamientos o sentimientos que le llevan a revivir el evento
traumático. Por ejemplo alguien que sufre una agresión sexual, puede desarollar un temor que
lo mantiene alejado de la escena del ataque y los lugares que se la recuerden. Sin embargo,
usar la evasión como principal forma de lidiar con los recuerdos tiende a agravar los síntomas
del trastorno por estrés postraumático (TEPT) y dificulta tanto el tratamiento y como el
mantenimiento de un estilo de vida saludable.
La psicología define evasión como cualquier forma de distracción o entretenimiento
utilizada para eludir pensamientos o ideas estrechamente relacionadas a un evento traumático.
En la nueva normalidad, cuidar la salud física y mental resulta fundamental para alcanzar el
bienestar cognitivo, conductual y emocional. La evasión, sin embargo, puede convertirse en
un factor determinante en la aparición de diferentes problemas de salud mental. Según Kroll
(2023). La evasión escolar refleja una creciente preocupación por el impacto que genera el
funcionamiento diario de niños y adolescentes. ESte fenómeno se manifiesta en la negativa
constante a asistir a la escuela debido a la angustia emocional, Se estima que entre un 5% y
un 10% de los niños experimentan este tipo de evasión en algún momento de sus vidas, lo
cual se asocia a múltiples problemáticas como: acoso escolar, ansiedad y distimia, y con
síntomas como, espanto, pánico, llanto, rabietas, amenazas y autolesiones, o molestias físicas
(dolor de cabeza y estómago, mareos y náuseas).
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Revisar la salud mental de manera periódica es esencial, ya que muchas personas
tienden a reprimir o evitar sus emociones. El el caso de los niños y adolescentes que padecen
evasión escolar, las consecuencias pueden extenderse hasta la adultez, generando alteraciones
emocionales y sociales de largo plazo: cambios en el estado de ánimo, depresión, mal humor,
baja autoestima, ideas suicidas, consumo de sustancias, fobias y dificultad para establecer
relaciones interpersonales. Todo ello impacta la confianza, la motivación y la proyección
profesional de la persona.
Ante situaciones intensas o traumáticas, la mente suele protegerse de la angustia
mediante mecanismos de defensa. Uno de ellos es la evasión como estrategia de
desconexión. Fernandez, (2024) explica que este proceso implica la separación temporal del
entorno, los pensamientos y los recuerdos dolorosos. Entre las causas subyacentes se incluyen
la predisposición genética, las experiencias vividas en la infancia temprana y los factores
estresantes del entorno. De igual manera la gravedad y la duración del trauma, la edad en que
ocurre, la coexistencia de otros trastornos mentales, la falta de apoyo social y la falta de
habilidades para afrontarlo aumentan la probabilidad de desarrollar disociación, la cual se
puede convertir en un mecanismo de evasión crónico.
Los síntomas más comunes incluyen ansiedad, pérdida de interés en actividades
placenteras o sensación de desconexión emocional. La evitación puede manifestarse de
diferentes maneras:
● Despersonalización, sensación de estar desconectado de uno mismo o de la realidad,
como si se observa desde fuera de su cuerpo.
● Desrealización, percepción que su entorno no es real o se experimenta cómo un
sueño.
● Amnesia disociativa, incapacidad para recordar información relevante sobre uno
mismo o la experiencia traumática.
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● Fuga disociativa, acto de viajar o escapar de un lugar sin recordar cómo se llegó allí
sin conciencia de la propia identidad.
● Trastorno de identidad disociativo, coexistencia de una o más personalidades que
influyen en la conducta de la persona.
Las personas que experimentan evasión suelen presentar dificultades en la expresión
emocional, la memoria y la concentración, lo que afecta su capacidad de procesamiento y
desempeño en distintas áreas de su vida. Desde la perspectiva psicológica y emocional,
Godwin (2021) clasifica la evasión en diferentes tipos:
- Evasión de situaciones, evitar actividades o conflictos específicos.
- Evasión cognitiva, evadir pensamientos o recuerdos angustiantes, generando
preocupación o ansiedad. - Evasión protectora, uso de conductas de seguridad excesiva como obsesivo-
compulsivo o perfeccionismo o en el otro extremo del espectro, aparece como
procrastinación. - Evasión somática, se refiere a la combinación de síntomas mentales y físicos como
aumento en frecuencia cardiaca y pensamientos angustiantes. - Evasión de la sustitución, reemplazar un sentimiento, por ejemplo, encubrir el dolor
con ira.
La evasión, también puede presentarse como un trastorno de personalidad por
evitación. De acuerdo con Zimmerman (2023), El Manual MSD y la Asociación
Estadounidense de Psiquiatría describen que este diagnóstico se caracteriza por el rechazo
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constante al contacto social, sentimientos inadecuados e hipersensibles a la crítica o el
rechazo. Para su diagnóstico deben cumplirse al menos cuatro criterios de los siguientes:
● Evitan actividades relacionadas con el trabajo que implique contacto interpersonal por
que temen a la crítica.
● No están dispuestos a relacionarse con las demás personas a menos de estar seguros
de gustarles.
● Se muestran reservados en las relaciones cercanas por temor a ser ridiculizados o
humillados.
● Les preocupa ser rechazados o criticados en situaciones sociales.
● Están inhibidos en situaciones sociales nuevas porque se sienten inadecuados.
● Se ven a sí mismos socialmente incompetentes, poco atractivos o inferiores a los
demás.
● Son reacios a correr riesgos o participar en actividades nuevas por temor a sentirse
avergonzados.
El tratamiento, tras una evaluación profesional, puede incluir terapia cognitivo-conductual,
orientada a fortalecer las habilidades sociales, y la terapia psicodinámica, enfocada en
mejorar la autoestima y la seguridad personal. En algunos casos, los ansiolíticos y
antidepresivos, especialmente los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina,
pueden ayudar a reducir la ansiedad, facilitando la participación en nuevas situaciones
sociales.
Uno de los problemas derivados de la evasión es la relación con las adicciones, ya que
algunas personas recurren al consumo de sustancias o alcohol para evitar el sufrimiento
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emocional. Esto suele ser una solución aparente, que solo profundiza el problema y refuerza
el círculo de dolor emocional.
En conclusión, la evasión está estrechamente relacionada con el trauma y afecta de
manera significativa la salud mental y el bienestar de las personas. Es indispensable una
detección temprana que prevenga la cronificación de los síntomas, la victimización y el
consumo de sustancias. La participación de profesionales de la salud mental resulta
fundamental para proporcionar herramientas que permitan enfrentar y superar las secuelas del
trauma. Recuerda que Neighbor’s consejo, ofrece acompañamiento especializado en salud
mental y emocional de las personas en Washington DC, con canales de comunicación 24/7
dispuestos para proporcionar un mejor bienestar y mejorar sustancialmente la calidad de vida.
REFERENCIAS
Cazzola, C. F. (2024, febrero 19). Disociación en el trauma: Un modo de evasión.
NeuroClass. https://neuro-class.com/disociacion-en-el-trauma-un-modo-de-evasion/
Godwin, J. (2021, octubre 3). Hablemos de… evasión. Let’s Talk About Mental
Health. https://letstalkaboutmentalhealth.com.au/2021/10/03/hablemos-de-evasion/
Kroll, E. (2023, enero 23). Why won’t my teen go to school? School avoidance and
mental health. Charlie Health. https://www.charliehealth.com/research/school-avoidance-
and-mental-health
Monzó, A. (2021, marzo 3). Evitación emocional – Terapia en Las Rozas.
Psicología Monzó. https://psicologiamonzo.com/evitacion-emocional/
